Servirte, Jesús mío, es subir contigo la pendiente del Calvario. Tu Pasión debe
prolongarse en tus servidores. La vida cristiana es una inmolación.
¡Enamorado de la Cruz, quiero que mi vida sea, en tu unión, un Vía-Crucis
continuado; quiero seguir, paso a paso, tus huellas sangrientas; quiero saborear
todas las tristezas que amargaron tu Corazón!
Cuando llegado al término de esa vía regia y dolorosa, vea que tu moribundo
rostro se inclina sobre mí, guardaré en el fondo de mi alma esa impresión, dulce
y sangrienta, de tu Faz adorable. Entonces mi vida cambiará de aspecto. Ya no
contemplaré más la tierra. Mis ojos se levantarán aun por encima del Calvario,
ahí donde tus miradas moribundas buscaron y encontraron la gloria de tu Padre
satisfecha.
¡Dios mío, contempla el rostro del Señor, tu Cristo, y luego mira más abajo, y
ten piedad de mí! Así sea.
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